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Aznalcázar. Año 1560

Gonzalo Guillen a su madre Leonor Guillen, en Aznalcázar.

Los Reyes, 12.111.1560

Señora madre:

En la flota pasada escribí a v.m. por dos vías: la una por cartas de Gonzalo de Medina, que vive en Sevilla en cal de Monteros, y otra con un fraile de la orden de Santo Domingo, que se dice fray Alonso Méndez, el cual llevó un tejuelo de oro de quilates de ciento cuarenta y nueve pesos, que resumido a buen oro monta ciento y nueve pesos, para que se los diese a mi hermano Cristóbal Verdugo, a mi hermana Isabel Guillen, para que se los diese a v.m. e hiciese de ellos lo que por mis cartas escribo. Hágame tanto placer que se cumpla así como yo lo escribo. En sus cartas que de v.m. recibí me escribe que mejor estaría mi hijo con su padre que, no habiendo allá diferencias por él, plugiera a Dios que, cuando yo pasé en esta tierra, él viniera conmigo, y pues que mi voluntad fue dejarle por complacerle, y porque en ello me parecía hacer placer a v.m. y a todos mis hermanos, y ahora parece que me escribe que mejor estará con su padre. Hágame tanto placer que lo envíen, como lo he escrito en esotras cartas, porque ya soy viejo y cansado, y tengo necesidad que mis hijos me ayuden. Días pasados que habrá cinco o seis meses hubo en este reino gran enfermedad de romadizo y dolor de costado, que murió mucha gente, así de españoles como de negros e indios, fue como pestilencia, que no hubo ninguna casa por maravilla que no hubiese dicho, y fue tan grande como dicho tengo, que mandó el arzobispo que el Santísimo Sacramento no llevase campanilla por las calles, porque no lo oyesen los muchos enfermos que había. Hiciéronse muchas plegarias suplicando a Dios, Nuestro Señor, por la salud. De los de mi casa todos caimos malos, que no quedó ninguno. Yo allegué en término que ya pensé que era llegada la fin de días, fue Dios servido de darme vida, para que crie estos muchachos, y no dejamos de pagar el diezmo como los demás. Falleció Melchor, hijo de mi mujer y de su marido, que sea en gloria.
Señora, maravillado estoy que en esta flota que ha venido no he recibido carta ninguna, ni creo me la escriben, porque de todos los navíos que vienen de Tierra Firme sólo uno falta por venir, y también esperaba las semillas, que tan deseadas las tengo. Y porque me habían escrito mis hermanos que en los primeros navíos me las enviarían, lo hicieron, y como lo han hecho, lo haré yo con ellos. Allá escribo a mi hermano Juan Martínez que se venga a esta tierra, porque me escriben que tiene mucha necesidad. Si se quisiere venir, yo lo haré con él como dicho tengo por mis cartas, y como hermano. Y porque de allá nunca me escriben sino pobrezas y trabajos, tengan por cierto que por acá no faltan, que tan bien se gana trabajando como en Castilla, y la obligación tengo yo a favorecerles también la tienen ellos conmigo, para hacer lo que les envío a rogar. Bien tengo entendido que por no perder dos días de trabajar en sus haciendas no harán lo que les ruego, siendo cosa que tanto me importaba, prometiéndoles el galardón por ello, que lo cumpliera mejor que lo escribo, porque bien sabe v.m. mi condición, y que por mis amigos suelo poner la vida y la hacienda, mejor lo hiciera por mis hermanos y cumpliera mi palabra.

Señora, acá tenemos nuevas de cómo hay paces ahora. Tendré tiempo para desquitar lo que se ha perdido de no haberle enviado socorro, como yo lo deseo, que así me dé Dios el cielo, que no siento en esta vida mayor gloria que cuando algo le envío, y pues que ahora cada día habrá navíos que vengan, hágame tanto placer de siempre escribirme a menudo.

No hay otra cosa que al presente se ofrezca, sino que yo y mi mujer e hijos quedamos muy buenos rogando a Dios la deje acabar en su santo servicio. Por amor de Dios le ruego que se acuerde de mí en sus oraciones, y asimismo mi hermana Juana de Almonte, y ésta haya por suya, porque al presente no tengo que escribirle. De Los Reyes, 12.111.1560, su obediente hijo de v.m.

Gonzalo Guillen
(A mi señora madre Leonor Guillen, en la villa de Aznalcázar).