Vigésimo sexto día de navegación: 25 de julio de 2008

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Hoy justo hace un mes que salimos de Mazagón, estoy convencido que ya se puede hablar con conocimiento de causa sobre la tripulación. Un día antes de salir de Mazagón Ignacio me hizo un comentario sobre qué era lo más importante del viaje que íbamos a realizar y me dijo con estas palabras: "La convivencia". Que razón llevaba, él mejor que nadie era conocedor de las incomodidades de este barco, el recinto tan pequeño para tantos como somos, una navegación de altura y tantas personas que no nos conocíamos. Creo que si se hubiera encargado la selección del personal a una consultoría no hubiese sido posible, pues la valoración de los sentimientos buenos es difícil de encontrar en esos sitios.

Yo antes de hacer el viaje pensaba que la juventud a la que yo pertenecía era bastante mejor que la de estos tiempos. Pues bueno todos los días se aprende algo nuevo y creo que no me equivoco. Mi juventud era muy buena pero esta es mejor y además están mejor preparados que nosotros estábamos.

Si comienzo a hablar de mi guardia no sabría por quien empezar, Lo haré por el jefe de guardia, Miguel Valencia. A pesar de su juventud es un hombre en su comportamiento, es serio, a la vez que amable y con un trato exquisito, pero sobre todo una gran persona, con lo que respecta a mí, ha tenido el tacto de quitarme las faenas más duras en cuanto trabajo físico con mucha habilidad para que a mí no pudiera dañarme en mi dignidad. Miguelito Sevilla, que podría decir. No hay persona más sana que yo haya conocido. Luís, una bellísima persona, siempre pendiente de todos los detalles y amable como el solo. Y de nuestro querido Mauri, que voy a decir, si tiene todas las virtudes del mundo!.

Del resto de la tripulación tengo que decir que son maravillosas personas; ésto lo digo con el corazón, pues no me sale otra cosa. Yo creo que en este mes que llevamos navegando una buena parte de sentimientos buenos, honrados, corazones grandes, solidaridad aplastante, amabilidad personificada, espíritu de sacrificio, caballerosidad, alegría y sobre todo muy buena gente, la tierra se la ha dejado escapar en beneficio de la mar.

No me salen más palabras de elogio pues mi emoción es muy grande, no tengo mucha facilidad de escribir o más bien no soy capaz de expresar mis sentimientos en papel, aunque si los tendré guardados en una parte muy intima de mi corazón, aunque la memoria me la valla borrando la edad, nunca me la arrancara del corazón.

Hoy día 24 he sentido algo especial y hasta me he animado para hacer la cena por supuesto con la gran ayuda de mi gran amigo Manolo y la colaboración de Carlos "Piragüa".

El día amaneció nublado aunque pronto fue abriendo y se quedó totalmente limpio de nubes. El viento se puso por la aleta de estribor, mi guardia entro a las 8 horas había unos 10-12 nudos de viento y pronto, sin llamar a nadie, los 4 miembros de la guardia y yo a la caña desplegaron la cebadera que pintaba muy bien. A continuación, sacando "fuerzas del ánimo" se puso la trinqueta, que estoy seguro que en la historia de este barco, jamás se había hecho con tan pocas personas: solo 4. El barco se adrizó y ganaron algunas décimas de nudos. A medida que el resto de la tripulación se fue levantando se fueron poniendo todas las velas, excepto la mesana por tener una vería, y pronto apagaron los motores, en ese momento la tripulación salto de alegría disfrutando de la tranquilidad del momento. Ya por la tarde noche se fueron arriando velas excepto la trinqueta que estuvo toda la noche puesta manteniendo el barco mucho más estable.

Así termina este maravilloso día, muy bonito, ya con temperaturas más altas y oliendo a tierra continental donde nos esperan los nuestros.

Un fuerte abrazo para todos.

José Luis "El Caña".

 

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