Vigésimo tercer día de navegación: 22 de julio de 2008

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El atún, claro protagonista del día.

Todo empezó ayer noche, después de cenar aquel maravilloso revuelto preparado por Luis y Miguel Valencia. Unos estaban de sobremesa y otros en labores de carpintería (Mauri y Guillen arreglando la cama del Capitán), cuando de repente se escucho un grito: ¡¡Mauri, Nacho, recoger ya los aparejos!!... era la voz de Manolo a eso de las 23:00 horas española, o sea que aquí sería un poco antes. Fue entonces cuando Andrés se acercó y asombrado dijo: ¡¡esto tira mucho, aquí hay algo!!. A partir de ahí todos nos acercamos y entre unos pocos conseguimos sacar un atún de unos 5 kilos aproximadamente!! Fue alucinante, pero por sorpresa de todos y a pesar de la oscuridad de la noche, eso sólo era el principio. Comenzamos una lucha con un banco de atunes que acabó con un 7-0 para la nao Victoria. En total unos 40 ó 50 kg de atún según nuestro experto y propietario de los aparejos, Manolo. Entre tanto atún también se coló un bonito que vino a acompañar al capturado por la tarde.

Como os podeis imaginar esto revolucionó a la tripulación, desde el Capitan, Charly, hasta el más pringao de los voluntarios, puesto todavía por nombrar. En el barco sólo se escuchaban las diferentes maneras que hay de cocinar el atún, y las preferencias de cada uno. A eso de la una la gente se fue acostando.

Después de una guardia de madrugada muy tranquila, amenizada con unos dulces de la gambuza privada de la Guardía D (en la que el Mosca sólo tiene palabras para su María, que pesao!!) llegó la hora de la esperada rueda de prensa. Fue alrededor del mediodía y consistió en un sin fín de fotos en las que todos queríamos salir (sino que le pregunten al Piragüa, que no se perdió ni una) agarrando a esos atunes de un tamaño impresionante. A continuación tuvo lugar el taller de despiece y fileteado impartido por Don Manolo Luque, humorista, cocinero y mejor persona.

Por consenso se decidió, ante la abundancía, comer atún a la plancha. De verdad os digo que ésto no tiene precio, aunque miento, si que lo tiene y por lo que me han comentado es muy elevado, ya que la calidad de este plato tan fresco es difícil de igualar, además con el valor añadido de haber sido testigo del proceso completo, desde su captura, hasta su puesta en el plato.

Estos acontecimientos que rompen con la monotonía, tanto de comidas, como del transcurrir del día, se agradecen mucho y si encima tienes la oportunidad de aprender algo nuevo, como es el despiece de estos peces, la experiencia es mucho más enriquecedora.

La tarde ha sido más tranquila, destacando la vuelta del sol, lo que ha provocado overbooking en las zonas cómodas de la cubierta. A ésto le ha acompañado musiquita por cortesía de Fernando el Mosquito, que compró en Terceira unos altavoces que nos permiten escucharla sin tener que tener los cascos puestos.

En la tarde de hoy también se han hecho otras tareas, como cambiar los amantillos de la mayor, donde hemos podido volover a ver a Guillen colgado por los aires, y también se ha continuado con el despiece del atún, que como es natural ha sido el ingrediente principal de nuestra cena; atún encebollado, otra delicia al alcance de muy pocos.

En el día de hoy no hemos tenido suerte con la pesca, pero para la alegría de toda la tripulación, parece que el viento está rolando, y que mañana podremos sacar velas ya que nos entrará un viento nor-oeste. No os podeis imaginar como lo estamos deseando.

Un abrazo a todos, Nacho (sevillista por el atlántico)

 

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