La aparición, según la leyenda popular, tuvo lugar por el año 1444, en el pago de El Algarbe, cuando un campesino de Trebujena labraba sus tierras con una yunta de bueyes.
De la imagen que actualmente es un maniquí, con únicamente las manos y cara talladas, se cree que la gubia pudo haber cortado los brazos y piernas.
En el año 1979, con el objetivo de dar un impulso cultural a Trebujena, nace la I Semana Cultural, cuya programación incluía actos como conciertos, actuaciones de flamenco, conferencias, teatro, cine,... y para culminar la semana, la I FIESTA-CONCURSO DE COCINA Y MOSTO, en la cual se elabora este plato, que surgió por la necesidad y el hambre que padecían en aquellos tiempos nuestros antepasados.
El plato se cocina con los condimentos necesarios para preparar carne con conejo, pero con la peculiaridad que no se le añade dicha carne. Los ingredientes principales son los garbanzos y el arroz, así como clavo, ajos, laurel, perejil, azafrán, sal y vino.
La feria de la Seda llegó a ser la más importante de España en venta de paños, sedas y brocados. A ella asistían comerciantes y mercaderes de muchos lugares: genoveses, venecianos, alemanes, portugueses... Durante la estirpe de los Ribera la feria adquiere un gran reconocimiento y auge económico hasta el siglo XIX que finalmente desaparece.
En los siglos XVI y XVII la decisión de traer a la Imagen correspondió siempre y exclusivamente al Concejo de la Villa, en virtud del derecho de patronato que éste ejercía desde tiempo inmemorial sobre la iglesia de Nuestra Señora Santa María de la aldea de Setefilla, el actual Santuario. Sin embargo, durante la primera mitad del siglo XVIII, los vecinos de Lora empezaron a tomar la iniciativa de solicitar los traslados de Nuestra Señora a Lora. Un grupo de vecinos que, encaramándose en la espadaña de la ermita de Santa Ana, en la Roda Arriba, tocan la campana, que para ese solo menester sirve, y convocan al pueblo loreño a Concejo abierto, para pedir la Virgen. En la escucha, sorpresiva para algunos, deliciosa para muchos, los toques singulares de esta setefillana campana se contestan de inmediato con algunas salvas. Congregado el pueblo y una vez aprobado el unánime sentir con un ¡Viva María Santísima!, para expresar oficialmente la petición se busca al más anciano de la Roda Arriba (hoy al hermano más antiguo de la Hermandad residente en Lora), entronizándolo en un sillón que será izado a hombros de los vecinos. Es "El Viejo", genuina figura investida de soberano poder, que aglutina en torno a su trono al pueblo que le ha encumbrado, por la respetable autoridad de su ancianidad y creerle depositario de la devoción de aquellos vecinos de Setefilla que hacía siglos habían poblado este barrio. Con fuerza renovada y cabeza ceñida con un pañuelo, El Viejo, como si fuera un Papa, Príncipe o Patriarca en silla gestatoria, es puesto al frente de la fervorosa manifestación, que tiene como meta el Concejo de la Villa (Concejo, Clero y Cofradía desde 1781, sólo Clero y Hermandad desde 1979). Entre vítores y aclamaciones, a la comitiva acuden más vecinos y se les incorporan otros en el trayecto, de forma que es todo un pueblo el que conduce al venerable Anciano a formular su petición. "En nombre del pueblo pido que se acuerde la Venida de la Virgen" es la frase que pronuncia, siendo rubricadas por el pueblo las respuestas afirmativas con un clamoroso y entusiasta ¡Viva María Santísima!. Señalado honor, éste de representar a la Villa en acto tan emotivo, que además será recompensado con generosos donativos en dinero y en especie como premio al servicio que El Viejo ha prestado a la colectividad al encarnar la representación del pueblo soberano.
Se encuentra en la carretera antigua que lleva a la Puebla de los Infantes. El Charco en sí no es otra cosa que un cañón excavado en la roca por la que discurre el arroyo Guadalvacar, a unos kilómetros de su desembocadura en el Guadalquivir. Dicho cañón es salvado por un puente a gran altura. Cuenta la leyenda que en el siglo XIX, o tal vez fuera el XVIII, dicho puente estaba construido en madera. Cuenta también que en una noche de tormenta no se le ocurrió otra cosa a un bueyero que cruzar dicho puente con su carro totalmente cargado de grano. El puente se vino abajo, arrastrando bueyes, bueyero y carga, perdiéndose en la profundidad del río del que no volvieron a salir. Y cuentan las gentes que tras vanos intentos de encontrarlos, se procedió a medir el fondo del cañón, faltando cuerda. La tradición popular añade que no salieron porque el bueyero no era un buen hombre y la profundidad llevaba hasta las mismas puertas del infierno.
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Con este motivo pagaron los oficiales de la Casa de la Contratación (1520) a Juan de Baena, alcaide de dicha villa, el importe de 50 estacas sacadas de cuajo a 20 maravedis cada una y 1.200 estacas delgadas (varetas y esquejes) a tres blancas cada una. Igualmente se le abonó el trabajo de sacarlas, acarreo a Triana y el importe de algunos plantones de membrillos, ciruelos, higueras, almendros y ciertas matas de romero. Todo ello procedente de Olivares, cuyas especies pasaron a La Española.
Con nuestras gentes lleqa a América el Andaluz; nuestra g y formas de hablar y pronunciar. Difundimos el yeismo, la aspiración de la s final, el uso de la h aspirada en sustitución de la j y la confusión de la r y la / final.
Allá por 1592 vivió Cervantes en la localidad, convertida en villa independiente desde que en 1396 Enrique III la encomendara al entonces arzobispo de Toledo, Pedro Tenorio. Así, la que era conocida como “La Moraleja”, cambió entonces su nombre a Villanueva del Arzobispo. La villa destacó por su producción de harina y sus molinos harineros, que jalonaban el Guadalquivir.
Eran los Marqueses una conocida familia de Cargadores a Indias. Uno de ellos se arrojó desesperado de la torre vigía de su casa, desde la que oteaba la llegada de su flota de barcos, en el momento en que divisó que éstos se hundían en los peligrosos bajos litorales de la desembocadura del Guadalquivir, cargados de riquezas del Nuevo Mundo.
El escritor e historiador hispanoperuano, nacido en 1639, realizaba visitas periódicas a Posadas en su últimos años de vida. Hoy día, el escudo heráldico de su familia luce en una casa de la Avda. Blas Infante, recordando el domicilio de este insigne personaje en la localidad cordobesa.
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