El Guadalquivir Viaja al Nuevo Mundo

La riqueza agrícola de la vega y campiñas del Guadalquivir, sus artesanías y productos, surtieron las bodegas de los barcos que partían a ultramar, unos para sustento de sus marinos, otros para el gran mercado americano.
Se genera entonces una actividad comercial sin precedentes y se intensifica el tránsito de pasajeros y mercancías. Caballos, yeguas, burros, semillas, esquejes, instrumentos, aceite, vino, ladrillos, libros, ... Todo se embarca en los puertos del Guadalquivir.
Los productos del Guadalquivir rebasaron los océanos hasta llegar a los puertos del Atlántico y el Pacífico español. Aceites, esparto y cáñamo, vinos y cereales provenientes de la Campiña, la Vega y el Aljarafe colmaban las bodegas de las naves expedicionarias. Viajan también las devociones y creencias andaluzas.
El Santuario de Consolación de Utrera se convierte en lugar de peregrinaje de los marinos antes de embarcar. Allí se encomendaban y ofrecían sus exvotos marinos (que aún se conservan en el santuario). Son muchos los navíos que llevaron el nombre de esta Virgen a América donde, con esta advocación, se fundaron conventos, santuarios y ermitas en México, Colombia, Perú, Quito, Argentina y Filipinas.
Del mismo modo sucede con la Virgen de Regla de Chipiona, a la que se rinde culto en República Dominicana, Cuba, Venezuela y México.
Córdoba es entonces punto de partida y llegada de los llamados barqueros de Córdoba que, en pequeñas embarcaciones unían la ciudad con Sevilla por el Guadalquivir, transportando mercancías y pasajeros para los navíos. Puertos intermedios eran Palma, Peñaflor, Cantillana, Brenes, Alcolea, Villanueva del Río y Minas y Almodóvar del Río.
Pero no únicamente viaja el Guadalquivir al Nuevo Mundo, sino que se convierte en vía de enriquecimiento cultural. Así el abanico, el mantón de Manila, y productos como el chocolate, la patata o el café, son traídos por los hombres de la mar y están muy arraigados en nuestra sociedad.





