Los Fondeaderos del Guadalquivir
A orillas del Guadalquivir se hallaba un rosario de fondeaderos o puertos auxiliares, donde encontraban descanso las naves, se abastecía sus bodegas antes de su tramo final hasta la desembocadura, se calafateaban sus maderas o se limpiaban sus fondos. Carpinteros de ribera, calafates, barqueros, cargadores, pescadores, sirgadores y pilotos de río, llenaron el paisaje de sus riberas.
Era San Juan de Aznalfarache un fondeadero-astillero clave para el arreglo de los barcos, donde los navíos se ponían al monte, para varar, reparar, calafatear y ensebar sus cascos antes de las grandes travesías oceánicas. A la altura de San Juan existían los vestigios de un puente hundido que los barcos debían sortear en su descenso del río, guiados por un piloto o práctico.
En Gelves los navíos completaban su abastecimiento con frutas, verduras y cereales del Aljarafe. Coria del Río se distinguía como fondeadero principal entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda. Funcionaba como aliviadero portuario en el embarque de pipas de aceite, verduras, frutas, hortalizas, leguminosas, etc. en las bodegas de los navíos.
Con gran tradición en la carpintería de ribera, Coria también sirvió de lugar de reparación y puesta a punto de las naves.
Los navíos de mayor porte, aquellos que no podían remontar el río, quedaban en el fondeadero de Las Horcadas, a la altura de Lebrija, que cumplía además funciones de astillero.





