En puerto, un año después

By | March 24, 2013

Aquí me hallo, en Sevilla, la misma ciudad que vió partir y recibió cientos de galeones en tiempos pasados y ha celebrado la vuelta del último, un galeón en el siglo XXI. Con la misma Giralda al fondo, las aguas del Guadalquivir mojan mi casco un año después. Hemos regresado a nuestra tierra, Andalucía, tras 22.000 millas de historias y países.

¿Qué decir después de tantas vivencias juntos? Pués que me despido de una tripulación que magistralmente me ha enseñado a navegar, me ha mimado desde el palo de bandera hasta la quilla y me ha sentido su casa durante este venturoso periplo, de España a China y el tornaviaje, de marzo de 2010 a marzo de 2011.

Yo, por mi parte, prosigo mi camino por el inmenso azul. De momento, Cádiz me espera y el asedio y firma in extremis de la Norma de 1812 resuenan ya cuando abro las troneras.

El otro día, frente a la bahía gaditana, la tripulación se afanó en desplegar el trapo para navegar junto a mi hermana mayor -aunque de menor tamaño-, la Nao Victoria. Los que presenciaron la estampa, incrédulos ante la imagen anacrónica pero tan acostumbrada de siglos atrás, celebraron mi regreso por mar. Al día siguiente, y tras remontar la acuosa arteria sinuosa de Andalucía, mi bodega cargada de experiencias y sueños cumplidos se desplegaba en el sevillano muelle de las Delicias para deleite y jolgorio de familias y amigos que nos recibieron.

Con las velas aferradas hasta que vuelvan a hincharse, las estachas me mantienen firme al puerto, aunque pareciese que el Levante que sopla estos días quisiera librarme antes de tiempo. A flote a merced de la leve marea del río, mientras descanso, los últimos rezagados marineros me extienden una mano de aceite por cubierta y costado. Otros viejos tripulantes vuelven para continuar a mi lado y seguir escribiendo juntos esta historia.

El mismo año que ha transcurrido para los de tierra, a nosotros nos ha marcado por las mares océanas. Dicen que algunos tripulantes han cambiado y eso lo juzgarán sus allegados de secano. En lo que se refiere a mí, mis maderas se han oscurecido y los rasgos de mi línea se han curtido.

Ha sido un buen año para todos, y auguro que los venideros nos seguirán colmando de glorias. Os animo a seguir de cerca nuestras peripecias mareantes que sin duda darán que hablar… La Pepa, Costa a la Vista, Las Cinco Naos…

Un abrazo y buenos vientos

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