365 días después

By | December 1, 2010

Recuerdo aquel día. 30 de noviembre en la ría de Punta Umbría. El cielo amenazaba lluvia y hacía viento. Parecía como si el tiempo me quisiese empujar hacia el mar, hacia los chubascos que un año después atravieso por el Índico. Pero también hacia las decenas de puertos que he visitado por el mundo, en Europa, África y Asia. También hacia Shanghái, nombre de ciudad china que evoca ya en mis entrañas de madera un sentimiento andaluz.

Todo este periplo vendría precedido por la cantidad de gente agolpada en el varadero de Punta Umbría. Un galeón, como los de entonces, cayendo a sus aguas. Eso sí que no se ve todos los días. Pronunciaron palabras de agradecimiento y felicitación a todos los participantes del proyecto, rompieron una botella “achampanada” de Cruzcampo y soltaron las trincas que me aferraban a tierra firme. Ni Rosa María Calaf, corresponsal de TVE en Asia durante muchos años y que cariñosamente guió la ceremonia, pudo dejar de estremecerse de emoción al presenciar tamaña botadura. El público asistente, los trabajadores de la obra y la tripulación embarcada desde el primer momento lo (me) vivieron intensamente. Lentamente, primero, me deslicé por los raíles, para descender luego como una exhalación una vez el codaste tocó el agua. Mi primera maniobra, un atraque por la banda de estribor.

Titulares de periódicos y referencias en televisión daban la noticia. Pero todavía quedaban varios meses para montar la arboladura y ultimar los detalles antes de la partida oficial. Pero ya toqué el agua, hace 365 días, y entonces desperté, cobré vida, como el recién nacido cuando suelta el primer llanto o la mariposa que se despega del capullo. Iniciábamos el último tramo de la dura carrera contra los elementos -en el invierno más mojado y frío que se recuerda en Andalucía- y las fechas por zarpar. Punta Umbría, Huelva y Sevilla me sintieron.

Y lo conseguimos, y juntos remontamos el mar y aprovechamos el viento, y juntos volvemos de China en un tornaviaje a España que no hace sino afirmar nuestro éxito. Dar forma a una ilusión gestada en el siglo XVII, y hacerlo navegar por medio mundo realzando los valores andaluces y nuestra historia marítima es una proeza, como nos lo recuerdan en cada escala ministros, embajadores, autoridades y miles de visitas en general que me han pisado para unirse en algún instante a esta experiencia. Pero también lo recuerdan, y lo hacen suyo como no podía ser menos, ellos, tripulantes viejos y nuevos que miran la carta naútica y a los que obedezco sus golpes de timón, trabajadores que clavaron desde la primera tabla en el costado hasta hacer la última ligada en mi jarcia.

En mi primer aniversario atravieso el océano Índico arropado por sus vientos bonancibles y acunado por la mar de fondo del Sur. Y lo celebramos con risas, brindis bajo alguna nube amenazante, comida con productos de la tierra y recuerdos, recuerdos a todos.

Continuamos haciendo lo que mejor sabemos hacer, navegar.

Felicidades a vosotros.

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