Un galeón andaluz

By | November 2, 2012

Suben y bajan las curvas de colores, saltan de un lado a otro hasta formar una palabra, suena a antaño y a futuro, suena a la región más sureña de la península ibérica, suena a turismo, Sol, gastronomía, exportaciones e importaciones de ilusiones y realidades, oportunidades, suena a nuestra tierra, Andalucía.

Y ahí, rompiendo las tonalidades marrones de la madera de mi cubierta, se erige ese cartel en la brazola de la escotilla de artillería, donde antiguamente se colaban las mercancías hasta la bodega, y hoy, entre los huecos del enjaretado, se vislumbra eso, Andalucía.

-¿De dónde venís? -Andalucía, España. Y así, una a una las miles de visitas que recibimos a bordo se lo preguntan. A la altura de sus ojos se topan con esas letras que me dan nombre y me transportan a 11.000 millas. Alzan la mirada, se encuentran con cada una de las banderas que ondean en los palos y una verde y blanca, rabiosa, les llama la atención. Es la bandera de Andalucía.

El Sol empieza a despuntar por la amura de estribor, y el almirante alza también la vista, la busca y no la encuentra, y eleva ahora su voz. Las banderas descansan de noche, recobran energía, y retoman su baile de día, al son del viento. -¡Arriba con ella!. Pues al cielo con Andalucía, presto un marinero sin vacilar se echa a la particular carrera vertical por el obenque del palo de mesana, atraviesa la cofa y jala del cabo de bandera. Los primeros rayos de esta latitud tropical calientan su cara, una gota de sudor se desprende de su frente y, de repente, las telas de Andalucía se vuelven a abrir, un día más.

Cada jornada de navegación la tripulación no pierde la oportunidad de sumar una buena pieza al menú. Tiran por el espejo de popa los aparejos de pesca para probar suerte. Y ahí, en ese mamparo que se desliza oblicuo hasta el balcón de popa, tallado por Paco Metro con sumo cuidado, se lee en una madera “Galeón Andalucía. Sevilla”

Ya he escuchado en más de una ocasión si yo, el Galeón, existió con el nombre de Andalucía en el siglo XVII. Pues no, soy una réplica del Galeón de Manila, de la clase de barcos mercantes que glorificaron el comercio marítimo español desde el siglo XVII.

Además de mi tripulación, mayoría andaluza, algún andaluz errante, navegante de tierra, se encuentra con nosotros. Unos que llegan y otros que se van hablan de eso, de Andalucía.

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