Un Galeón “especiado”

By | April 10, 2014
Suena el doble repique de campana y la tripulación, salvo la guardia en el puente, vuelve a reunirse bajo el castillo de proa, en el comedor. Caras cansadas, algunas somnolientas, dicharacheras otras y alegres, aparecen para sentarse frente al guiso del día. En la hora que invierten para el almuerzo me distraigo asomándome desde la cubierta combés. Los platos de comida pasan de mano en mano hasta completar las tres mesas. Entonces se repiten siempre las mismas peticiones: “¿Está la sal por ahí? ¿Me podéis hacer llegar el vinagre? ¿Y el orégano y la pimienta?” Retened esta última especia en la memoria…

Hasta aquí esta escena podría representarse en cualquier casa de familia numerosa, similar a lo que sucede en el Galeón Andalucía. Pero es que este particular escenario flotante cobra un significado especial cuando veo a los marineros, mis 30 ángeles de la guarda, condimentando con especias los alimentos que magistralmente prepara Manolo Luque con ese desparpajo tan andaluz, en cada uno de sus platos y comentarios. Y es que esta misión para la que me construyeron tiene un aroma del pasado.

Hemos cruzado el Mediterráneo, tan familiar para nosotros. También hemos respirado los aires africanos y árabes de Egipto, Sudán y Omán, y ahora atravesamos el Índico para adentrarnos de lleno en el inmenso mundo asiático, el mismo que exploraron y del que quedaron maravillados marinos españoles, portugueses y galeones, que igual que yo ahora humildemente pretendo emular, que en el siglo XVII establecieron exóticas rutas comerciales.

Gran parte de ese exotismo queda plasmado en la variedad de especias que portaron en sus bodegas y que, como os decía antes, están presentes a bordo, pero no solo en el recetario de la cocina de Luque, sino en el ideario de esta travesía del siglo XXI hacia China. Estos codiciados productos salpican las tierras bañadas por las aguas asiáticas desde la India hasta el país oriental.

Para alcanzar el próximo puerto, Sri Lanka, el capitán Gonzalo de la Cruz dibuja en la carta una derrota que bordea el perfil suroccidental de la India, rozando la costa Malabar, la misma orilla de la que partieron los primeros cargamentos de pimienta hacia nuestra Andalucía y España, y de ahí a los mercados y fogones de Europa.

Después atracaremos en Sri Lanka, la antigua Isla de Ceilán, uno de los mayores exportadores de canela del mundo, la misma rama que da un sabor especial al arroz con leche que se ha cocinado a bordo. Desde aquí se sucederán cultivos de jengibre, menta, cardamomo, nuez moscada, perejil, comino… La Historia fluye a nuestro paso por los mares de Asia, los mismos recuerdos de mercaderes y exploradores que ahora retomamos milla a milla hacia Shanghái.

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