La carpintería a bordo del Galeón Andalucía

By | May 20, 2012

Mientras surcamos el océano, en cada rincón de mis cubiertas, entre mamparos o al aire libre, se está desarrollando una escena de película sobre la mar y sus colonos, sobre galeones navegando por el tiempo, acerca de maniobras y labores que se mantienen intactas desde el siglo XVII.

Profesiones como la de carpinteros, calafates y toneleros están vinculadas a la historia marítima de la Carrera de Indias, la que rememoramos y revivimos a través de esta gesta comercial y cultural andaluza hacia la Expo de Shanghái. Al igual que entonces, hoy día el papel de estos artesanos de la madera cobra la misma importancia vital para llegar a buen puerto. La sabiduría y tradición andaluza de siglos sirve hoy para ser su mejor embajador.

Sobre esto os quería hablar, aprovechando una conversación que entre susurros pude escuchar bajo la tolda. Con la tenue luz que rompía el manto oscuro de la noche, fatigado y satisfecho por la larga jornada, hablaba el contramaestre Perico de los dos marineros carpinteros enrolados en esta travesía. “Alvarito y Mauri son dos leones, unos trabajadores incansables y el orgullo del maestro Calvinho”.

Antes de partir desde Sevilla, me cuentan, cuando todavía se estaban perfilando mis líneas marineras, Mauricio Buhigas y Álvaro Grosso estaban enrolados en otro interesante proyecto, el de la Escuela Taller de Carpintería de Ribera de la Fundación Nao Victoria, y de la que José Calvinho era el maestro carpintero. Allí, con sede en Bellavista, en Sevilla, se aprende y se recupera un oficio artesanal, el de la construcción de barcos de madera a la antigua y cuidada usanza.

Tal fue su dedicación y esfuerzo, que el maestro Calvinho -¡Muchas gracias!- los recomendó para esta expedición -a bordo del Galeón Andalucía-, navegando a China para representar a Andalucía. A bordo estos dos marineros son ahora los máximos entendidos en el trato de mis maderas. Trabajan duramente y se ganan la felicitación del resto de la tripulación. Es más, su carácter afable y amigable los hacen más queridos aún. Yo, personalmente, les agradezco que me tengan “de museo”.

Aprovechando un descuido en bodega, donde tienen la carpintería, como antaño, les he dejado escrito una nota, una petición para que expliquen mejor que yo su paso por el Escuela Taller y sus labores a bordo:

Mauricio: “El primer día de la escuela taller fue como cualquier primer día de colegio, pero con algo distinto. No era sólo el primer día de los alumnos, sino también de todo el equipo que formaba y sigue formando la escuela. Esos 30 alumnos y esas 6 personas del equipo docente estábamos asistiendo al nacimiento de la escuela. Aún así, todo empezó a rodar como si llevaran años trabajando juntos. Poco a poco nos fuimos conociendo y cada monitor empezó a impartir su materia: Joaquín, tecnología naval; Pedro, tipos y características de las maderas; Paqui, educación compensatoria; Indra; usos y manejos de las herramientas y construcción naval… Todo esto mientras el maestro Calvinho iba terminando de trazar los planos de lo que iba a ser la razón de la escuela y puesta en práctica de lo aprendido: un bote de río de 6 metros de eslora, construido de manera tradicional. La construcción de este barco se llevó a cabo gracias a los grandes  conocimientos transmitidos por el maestro Calvinho, a nuestra mano de obra y capacidad de aprendizaje, pero, sobre todo, gracias a Indra, por su paciencia y afán por enseñar. Gracias a él, puedo estar en mitad  del Índico escribiendo estas palabras. Gracias. Después de año y medio en la escuela se nos presentó la oportunidad  de hacer prácticas en la construcción del Galeón. En la escuela habíamos aprendido mucho, pero ahora nos teníamos que desenvolver en el ámbito profesional, y esa era una buena primera prueba. El resultado fue bastante bueno, una vez terminadas las prácticas, cinco alumnos fuimos contratados para seguir hasta el final de la construcción, y terminado el barco, dos fuimos seleccionados para ser los carpinteros de a bordo. Y aquí estamos, rumbo a China, día a día cuidando y manteniendo cada rincón de este barco”.

Álvaro: “Las labores a bordo son muchas y de muy diversos tipos, no solo nos encargamos de mantener el buen estado del barco, también lo mejoramos día a día como ha sido recientemente con la instalación del preciado aire acondicionado o con nuevos sistemas de extracción para que nuestros motores trabajen en un ambiente menos cálido.

Cada madera tiene su tratamiento, como es el caso del iroko, madera fuerte y densa sobre la que hidratamos con aceite de teca, que es de la misma familia. Y para el pino, flexible y más maleable, usamos “lasur”, que la protege de la meteorología y de posibles ataques de insectos.

Todo esto aunque son labores de carpintería siempre están respaldadas por nuestros compañeros que se acercan a aprender lo que nosotros sabemos y echan una mano cuando pueden. Nunca nos sentimos solos.

Yo también quiero agradecer a Indra la oportunidad que me dio aquel día que me presenté en la escuela y a nuestro maestro José del cual aprendí lo que hoy en día aplico, para que cuando lleguemos al puerto chino el galeón siga brillando como el día que su quilla tocó por primera vez  la ría de Punta Umbría.

Galeón, permíteme que les mandemos un saludo a nuestros profesores y amigos de la escuela, con los que echamos buenos ratos juntos”.

Por mi parte, agradeceros vuestro cuidado y trato sobre el áspero tacto de la madera y olor a bosque… marino. Muchas gracias, seguiremos navegando juntos.

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