Un andaluz en Salalah

By | May 17, 2012
Hace varios siglos que un galeón español no realiza una ruta comercial como la nuestra, rumbo a los mares de la China. Siguiendo la senda de los antiguos marinos, exploradores unos y mercaderes otros, o ambos a la vez, recalamos en cada puerto despertando en sus habitantes la misma expectación que mis antepasados. Incluso me atrevería a decir que la admiración aumenta al ser ésta una estampa en la mar totalmente anacrónica, la de mi silueta que forman las líneas desde la proa a popa y los palos y jarcias de la maniobra de vela del XVII. Pero aquí estamos, abriéndonos paso para reabrir este puente de intercambios culturales y comerciales en nuestro camino hacia el corazón económico del sudeste asiático, materializado en la Exposición Universal de Shanghái.

Son varios puertos ya a los que hemos arribado en nuestra travesía, dejando en ellos una huella claramente andaluza, y de los que también guardamos en la bodega varios recuerdos, agradecimientos y amistades.

Sin duda, en el último punto de la carta donde hemos hecho escala y que acabamos de abandonar, el puerto de Salalah, en Omán, la sorpresa nos la hemos llevado la tripulación y yo. En boca de algunos de ellos, supe de él que los acompañó desde un hotel de la ciudad y se interesó profundamente por nosotros. Por mi parte, me mostré encantado en recibir tan grata visita, con tanto significado y cercanía hacia nuestra tierra, Andalucía.

Se trata de Ignacio Brome Abarzuza, un andaluz, natural de Cádiz y residente en Algeciras, pero afincado desde hace dos años en Salalah, donde desempeña el cargo de director de informática del puerto. En palabras de Ignacio, es el único andaluz y español en Salalah, y “en Mascaté, la capital de Omán, hay algún español más”, pero eso está a un día en coche.

El nos mostró su simpatía andaluza y se prestó para resolver cualquier eventualidad que surgiese en nuestra “parcela” durante los días que hemos estado atracados. La magia habitó en cubierta, y por unos instantes estuvimos pisando Cádiz, Huelva, o cualquiera de las provincias andaluzas. Perico y Manolo Luque le agasajaron con un poco de jamón de Jabugo y una copita de Jerez -la ocasión lo merecía-, y él les relató su vida por estos lares tan diferentes culturalmente. “Encontrarme con vosotros ha supuesto una alegría, un barco andaluz lleno de andaluces. Pero es que además la idea me ha parecido muy bonita, el hecho de que la Fundación Nao Victoria haya construido este navío que representará Andalucía en Shanghái”.

En una última llamada telefónica con uno de los tripulantes pude escuchar el adiós antes de zarpar.  Ignacio comentaba que ya había consultado la página web del proyecto Guadalquivir Río de Historia para seguirnos durante la travesía. Nos deseaba buenos vientos hasta China. Desde el sollado, el otro interlocutor se despedía a su vez y le hacía una última cuestión: “¿Volverás pronto por Andalucía?”, a lo que él respondía que “todavía me quedan ganas de trotar por el mundo; nuestra Andalucía siempre estará ahí para cuando regrese”.

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